Mateo 18:3 De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Cuan asombroso es ver la capacidad de confiar que tienen los niños. Si ellos suben a un lugar alto, esperan que tu estés abajo esperando para lanzarse. Así mismo, cuando le prometes algo a un niño, no desiste hasta que se lo das.
De la misma manera, para vivir en Dios, necesitamos ser como un infante. No es que seamos inmaduros, sino que debemos creer que nada es imposible para el que confía. Nuestra capacidad de confiar y creer, a ciegas, ha sido atrofiada por el pesimismo de una sociedad que solo tiene esperanza en aquello que ve, dejando en un segundo lugar a lo invisible.
Aunque no vemos el viento ¿no existe? Creo que todos acordamos que si existe. Todos estamos respirando porque inhalamos un componente que no vemos. Aunque no podemos ver a Dios, El está presente en cada una de nuestras situaciones (nuestras creencias no determinan la existencia de las cosas). La Biblia dice que el que no tiene fe, no agrada a Dios, porque el que se acerca a Él tiene que creer que existe. Para poder confiar en Dios, necesitamos de la fe.
De acuerdo a Hebreos 11 la fe es la convicción de lo que se espera o la certeza de lo que no se ve. Un niño, aunque no ve lo que espera, sabe que vendrá y cuenta con ello. Cuando nos movemos en la confianza en Dios, podemos dar pasos de certeza sobre aquello que no estamos viendo.
No dejemos que nuestro entorno nuble nuestra capacidad de confiar a ciegas, en la capacidad de un Dios que todo lo puede.
Dios les bendiga!
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