lunes, 20 de febrero de 2012

Sigamos clamando

Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. 

Existe una realidad que todos conocemos: No siempre recibimos lo que pedimos, en el momento que queremos.

Hemos visto que Dios siempre desea nuestro bienestar y que tiene una voluntad agradable para nosotros. Sin embargo, ¿porqué no siempre nos da lo que le pedimos? Existen 2 posibles razones: No nos conviene o nos cansamos de clamar.

Cuando estamos delante de Dios pidiendo cosas que, solo Él, puede ver que no nos conviene, tenemos que saber identificarlo. La Biblia dice que si le pedimos, creyendo que lo recibiremos y conforme a su voluntad, será hecho. Ante esta promesa, debemos de resaltar que para pedir conforme al corazón de Dios, debemos de entender y estudiar su palabra. Solo escudriñando su verdad podremos identificar aquellas cosas que podemos pedir y qué cosas no.

Ahora bien, cuando nos cansamos de clamar, nos comportamos como personas sin fe. La Biblia tiene vida y cumplirá el propósito con el cual ha sido enviada. No debemos desistir en declarar la verdad de Dios y lo que está escrito, ya que cada vez que hablamos con fe, es como si haláramos aquello que esperamos.

El corazón de Dios se mueve cuando le clamamos con humildad. El se compromete a escuchar nuestro clamor y a enseñarnos cosas que ni conocemos. Esto quiere decir que es mucho mejor de lo que pensamos, aquello que recibiremos como consecuencia de nuestra oración. Con cada palabra que expresamos delante de él es recibida y, les aseguro, que nunca quedará en el vacío porque Dios nos oye. Solo tenemos que esperar el tiempo de Dios, con la persistencia necesaria y la fe que nos mantenga la frente en alto y los ojos puestos en nuestro gran Maestro.

Espero que esta palabra les haya servido de edificación y reciban un abrazo.

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