Tito 3: 4 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo...
Lo primero que me gustaría señalar es que el amor de Dios es incondicional. Su amor hacia nosotros no es consecuencia de nuestros "buenos actos" sino, que Él ha decidido hacerlo, porque le place.
Todo aquello que hemos recibido de Dios, es por su misericordia y su gracia. No merecíamos el sacrificio de Jesucristo en la cruz, sin embargo el lo hizo por nosotros. Nos amó más que a él mismo. ¿Hemos demostrado valorar ese amor tan grande?
Me he dado cuenta que tan fácil es vivir la vida, sin tomar en cuenta que hay alguien que nos ama por encima de nuestras debilidades. Aún cuando no le correspondamos, su amor permanece fiel y su bondad no deja de ser. Aunque lo creamos o no, Dios nos sigue amando y espera que nos acerquemos a su presencia y accedamos a vivir para Él.
El error más común en nosotros es considerar que podemos "ganar" el amor y favor de Dios. En momentos, tendemos a pensar que Dios es como nosotros; que correspondemos con bien cuando nos hacen bien. Sin embargo, hay que agradecer que Él no nos da lo que merecemos, sino lo que necesitamos para tener una vida llena de éxitos y de poder.
La Biblia dice que Dios tiene pensamientos de bien y no de mal, acerca de nosotros, por lo que hay que contar con su buena voluntad para nuestros planes y metas, aunque su dirección no sea de nuestro agrado, pero es lo que más conviene. La voluntad de Dios es, siempre, buena, agradable y perfecta; por lo que creer que Dios nos manda cosas malas es un error.
Aunque Dios nos ama sin condiciones, sería bueno corresponderle el amor con una vida agradable a él y que obedezca a su Palabra. No seamos insensibles a ese gran amor que nos ha sido entregado, sin nada a cambio.
Dios les bendiga!
No hay comentarios:
Publicar un comentario